jueves, 17 de noviembre de 2011

La lectura.

Otro momento mágico que me ha trasladado a aquél tiempo pasado de los matrimonios concertados, mostrándome también, que por suerte, en aquella época, también había caballeros honrados... 


(...)
- D. Carlos:
Pero no el corazón (levántase) [...]
No, eso no... sería ofenderla... Usted celebrará sus bodas cuando guste; ella se portará siempre como conviene a su honestidad y a su virtud; pero yo he sido el primero, el único objeto de su cariño, lo soy y lo seré...
Usted se llamará su marido; pero si alguna o muchas veces la sorprende, y ve sus ojos hermosos inundados en lágrimas, por mí las vierte... No la pregunte usted jamás el motivo de sus melancolías... Yo, yo seré la causa... Los suspiros que en vano procurará reprimir, serán finezas a un amigo ausente. [...]


- D. Diego:
¿Adónde vas? No, señor; no has de irte.


- D. Carlos:
Es preciso, yo no he de verla... una sola mirada nuestra pudiera causarle a usted inquietudes crueles...



(...)


El sí de las niñas, 3º acto. 
Leandro Fernández de Moratín.

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