martes, 15 de marzo de 2011

La vuelta al pasado, aunque muchas veces es muy deseada, no siempre es buena.

Estamos aquí reunidos como estarían los grandes ejecutivos de una importante empresa, sentados en sus grandes e imponentes mesas de roble rojizo donde cada mañana discuten calurosamente sobre las finanzas de la empresa o las distintas curvas de la oferta y la demanda que ahora mismo definen este loco mercado gobernado por la gran crisis que nos rodea.



Aquí, sentados en forma de ‘‘U’’ dónde cada persona tiene su propio escaño, fabricado torpemente con una hoja de cuaderno en la cual descansan los nombres con los correspondientes apellidos de cada uno escritos por un gastado boli ‘big’

Únicamente nos faltan venir trajeados con el cabello engominado y repeinado hacía atrás y tener unos caros maletines de cuero en los cuales deberíamos guardar aquellos documentos importantes para esa supuesta reunión, en nuestro caso, libros y apuntes de las diferentes materias que tenemos a lo largo del día.

Pero esto, queridos amigos, por desgracia, no es mas que un puro sueño. Sí, es verdad que estamos colocados en forma de ‘U’, y sí, cada uno tiene su propio escaño posado al frente de su mesa o bien colgado de sus respectivas cajoneras, pero en lugar de tratarnos como alumnos de 1º de bachillerato (que supuestamente es lo que somos, aunque no todo el mundo se da cuenta), nos tratan como alumnos de preescolar.

Y yo, estoy aquí, en medio de un infierno de eco en el cual solo tengo a mi fiel estuche y mi archivador como única barrera protectora, y la única sonrisa que se ve, es la de mi funda de gafas, que, aunque con cara de enfado, no deja de sonreír nunca.

Y por si eso no fuera poco, nuestros profesores se han planteado un nuevo desafío; llegar gratis a china. O por lo menos es lo que parece, dado que no dejan de dar vueltas circulares en el suelo justo en el medio de la clase.

Durante los intercambios – y muchas veces durante las clases – para poder sobrevivir jugamos a partidos de ‘tenis’ con bolas hechas a base de hojas sucias de apuntes, pero los profesores, no contentos con tenernos reclutados, nos echan fuera de clase si nos ven jugando al pin pon.

Cada movimiento que hacemos, cada cosa que decimos, cada notita que pasamos al compañero… todo, absolutamente todo lo que hacemos, lo ven ellos, dado que no estamos protegidos como antaño lo estuvimos por las benditas mesas de los compañeros de delante. Y todo este caos, ha ocurrido por culpa de una lengua larga de una personilla de clase… por su culpa, ahora estamos en una ‘cárcel’, recluidos como ratas, sin derecho a protestar, y aunque lo hagamos, no tenemos otra respuesta a: así estáis mejor…

Y la única esperanza que nos queda, es que al acabar los exámenes (dado que mueven las mesas para que estén de forma individual) al recolocar las mesas, todo este caos, termine, y todo vuelva a ser normal.

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